Borrador
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Llamé a esto el último borrador
porque nunca supe terminar las cosas:
las cartas,
las despedidas,
el amor.
Todo lo dejé a medias,
con tachones,
con una palabra mejor esperando en el margen
que nunca llegué a escribir.
Pero he aprendido algo:
que un borrador no es un fracaso.
Es una conversación
que decidí no cerrar todavía.
Que siga abierta, entonces.
Que dure lo que tenga que durar,
en silencio,
como duran las cosas verdaderas.